jueves, 19 de abril de 2012

La debacle de Iberia o el fin de Echo Charlie



Iberia capitula. Los pilotos de la que antaño fuera la compañía de bandera española, secundan las que posiblemente sean las últimas jornadas de huelga en su historia como empresa. Quizá suena duro, pero el mercado manda, y sobre todo, los que están a cargo de ese mercado. Después de muchos años de merma en el negocio por causas que no vienen al caso, Iberia tiene que rendirse al modelo que funciona en medio mundo: el tan temido modelo low-cost. Iberia Express nació hace poco menos de un mes, cogiendo aviones, rutas e incluso personal de su matriz con una clara vocación de dar un servicio similar a precios más baratos. Hoy por hoy, y vista la estrategia seguida por la dirección de la compañía, los precios más baratos sólo se consiguen a través de una reducción salarial, tema inabordable en la compañía madre, como es lógico por otra parte.

No seré yo quien vaticine desde aquí el posible éxito o fracaso de este nuevo "engendro" nacido a partir de nuestra querida compañía de bandera. Lo siento, pero todavía tengo en la retina a Clickair, y su funesto final. Iberia, con su paso a IAG, vendió lo poco que le quedaba a los hijos de la Gran Bretaña. IAG es una grandísima corporación, en la que Iberia no supone mucho más que una serie de números. Y es que los ingleses no son para nada tontos: British Airways hacía muchos años que tenía puesto el ojito en Barajas, máxime desde la inauguración de la T4, hub indiscutible de Europa con Latinoamérica. El Estado Español, con una inversión multimillonaria construyó uno de los aeropuertos más dinámicos e importantes del mundo, cediendo una gran parte de su infraestructura a la que por entonces era la compañía española más fuerte, con diferencia. Tanto la T4 como la T4S estaban -y están- llenas de aviones de Iberia con destinos a varias decenas de países. Cualquier avezado inversor sabe que eso es una perita en dulce. ¿Renunciar a un pastel tan grande y jugoso como Barajas y además a coste relativamente bajo? Algunos diréis: "comprar Iberia no fue precisamente un paseo, y no fue precisamente barato". No, pero el coste de oportunidad de no hacerlo sí que era importante. British Airways se frota las manos. Dentro de no mucho dominarán no sólo el mercado asiático, sino también el latinoamericano. Demasiado bueno para ser verdad. Pero así es.

Y mientras tanto, ¿qué nos queda a nosotros? una bonita colección de A320 pintados de Iberia Express y de Vueling, eso es todo. La que antaño fuera una compañía que paseaba los colores de España por todo el mundo, con aviones tan míticos como el "Super Connie", el "DC-3" o el 747 bajo su enseña, quedará reducida a la nada en poco tiempo. Algunos me tacharéis de apocalíptico, de agorero y de pesimista. Es posible, pero a la luz de los hecho y cómo se desarrolla el guión de esta película, el desenlace parece claro. Y ya que estamos con símiles cinematográficos: los actores principales son los pilotos. Desde hace unos meses secundan una serie de huelgas y paros para evitar esto, pero esta medicina se les está volviendo contra ellos. Hoy mismo Willie Walsh declaraba que estos paros iban a traer consecuencias para los pilotos. Esta misma semana, además, Iberia aplicaba bajadas de sueldo generalizadas a la plantilla al amparo de la maldita reforma laboral. Los pilotos han hecho su cometido, pero creo que se han excedido. Y digo esto (a riesgo de un linchamiento público), porque Iberia no sólo la componen sus comandantes y segundos. Iberia es personal de tierra, mantenimiento, tripulaciones no técnicas, y una infinidad de puestos de trabajos indirectos, y los pilotos deberían haber sabido cuándo parar, por el bien del resto de sus compañeros. Muchos de ellos ya tienen puestos de trabajo atados en otros países, o jubilaciones doradas en el bolsillo, pero dejan detrás una cantidad ingente de compañeros que probablemente no tengan su vida tan resuelta. Con esto no quiero deslegitimar sus paros, ya que en un primer momento lo único que hacían era defender su puesto de trabajo, su empresa y por qué no, su sector. Pero esto ya más parece que responde a un ataque kamikaze, a un "morir matando". Hemos asistido esta semana a espectáculos tan bochornosos como el de un comandante agrediendo a otro por pertenecer a "cutrexpress". ¿A dónde hemos llegado, hemos perdido ya el norte? Actos como este no hacen sino perder credibilidad a los pilotos, y alejarlos más de los problemas que en un principio se suponía que tenían que defender.

Nos lamentaremos mucho, y lloraremos el día que Iberia deje de ser Iberia y el día que en la T4 sólo veamos banderas de UK y aviones con matrículas Golf. Por eso, si matamos Iberia, herimos de muerte a nuestros aviones Echo Charlie.

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